viernes, 22 de febrero de 2008

narcotrafico:una historia de vidas cortas





El periodista Ramón Martínez revela la íntima relación entre Estados Unidos y la droga. Descubre las políticas públicas esgrimidas por Alvaro Uribe Vélez para incrementar la producción de cocaína y explica cómo el tío Sam juega al gato y al ratón con el problema del narcotráfico para implantar un modelo de dominación cultural en América Latina. Una historia de 'mulas, sicarios y capos mafia' que sataniza formas culturales propias para detener sus procesos revolucionarios.

El narcotráfico es hoy uno de los grandes negocios del mundo. Las cifras que mueve son realmente increíbles, tan altas como las de la industria del petróleo o más altas que las de la informática. Pero no es sólo un redituable negocio; es también -y quizá más aún- un mecanismo de control político-social. Por eso quien lleva la voz cantante en este campo es el conglomerado de poder financiero-político-mediático-militar de la gran potencia imperial que en estos momentos se erige como centro hegemónico mundial: Estados Unidos.

Marcelo Colussi entrevistó para ARGENPRESSS a Ramón Martínez, periodista colombiano radicado en Caracas, Venezuela, amplio conocedor del tema y coordinador de COLAREBO -Comité Latinoamericano por la Revolución Bolivariana-. Sus declaraciones sirven para echar luz sobre un

tema bastante tabú, harto manipulado por los medios de comunicación, habitualmente enfocado desde estereotipos y prejuicios.

Argenpress: El narcotráfico, de un modo no muy distinto al llamado “terrorismo islámico”, ha pasado a ser un demonio mediático. En Colombia esto ha alcanzado niveles increíbles; de eso nos

Ramón Martínez

habla justamente el proyecto de injerencia de Washington, llamado Plan Colombia, en cuyo nombre se dice perseguir este flagelo. ¿Cómo entender todo este fenómeno? ¿Qué hay de cierto, de mito y de manipulación con el tema del narcotráfico?

Ramón Martínez: Yo empezaría diciendo que es un tema tabú. Se lo puede enfocar de diferentes maneras. Por lo pronto se ha hecho toda una campaña, una filmografía incluso, sobre los capos del narcotráfico. En algunos casos a estos capos se los ha llevado a niveles de endiosamiento, de “salvadores”, como fue lo de Pablo Escobar en Colombia, en Medellín, que pasó a ser un caso emblemático. Es un tema muy complejo, que tiene muy distintas aristas: es un tema político, un tema que tiene implicancias en el orden de la seguridad nacional de los Estados, que tiene implicancias en el desarrollo de las sociedades. Es delicado desde el punto de vista político, militar, y también es muy preocupante desde el punto de vista social. Podríamos encararlo desde cualquiera de estas facetas, pero preferiría empezar con la óptica de la política de dominación del imperio. Desde este punto de vista, hay que considerarlo desde la perspectiva de una política de dominación que se da el imperialismo hacia los países a los que él considera su patio trasero. No es nada nuevo decir que Estados Unidos ha jugado ese papel de potencia hegemónica en el continente buscando tener sojuzgados a los pueblos de la zona. Y los sojuzgó a través de distintos mecanismos: económicos, políticos, militares, culturales. Entre otros de esos mecanismos podemos mencionar el ALCA, el Fondo Monetario Internacional, la doctrina de seguridad nacional, la Escuela de las Américas, el plan Cóndor aplicado a todo el cono sur. En fin: diversas maneras con que se han venido reprimiendo las ansias de libertad de los pueblos latinoamericanos. Pero además de esa forma político-económico-militar de dominación, hay una que causa aún más dolor, que es más impresionante. Y es el narcotráfico. El narcotráfico creo que hay que verlo desde la óptica de la dominación cultural que se nos ha impuesto, que ha ejercido y ejerce el imperio sobre un sector de la población de América Latina. En los distintos pueblos de la región -y me voy a enfocar sobretodo en Colombia, que es lo que más conozco, pero esto también es válido para otras regiones latinoamericanas- la misma necesidad de sobrevivencia lleva a las poblaciones a buscar cualquier forma de vida ante la falta crónica de oportunidades, de empleo. Me apuro a aclarar lo siguiente: la industria del narcotráfico no la dominan los capos colombianos ni los capos mexicanos. La industria del narcotráfico está en Washington, está en Estados Unidos. El mayor lavado de dólares lo hacen grandes bancos estadounidenses. De eso hay sobradas evidencias, y no viene al caso ahora empezar a mostrar cifras. Pero baste decir solamente que estamos ante uno de los grandes negocios del mundo, enorme, a la par del petróleo. Junto a esas fortunas fabulosas que crea el narcotráfico va el problema de la deshumanización de la gente que se liga a este fenómeno. A través de la búsqueda de esas fortunas, que en realidad es para la gran mayoría de quienes están en este campo un objeto inalcanzable, a través de esa búsqueda casi imposible vemos los grados de deshumanización y degradación más grande que uno pueda imaginarse. En cierta forma podemos decir que el narcotráfico es la historia de las vidas cortas. Todos los que se ligan a él saben que tienen vidas cortas por delante, sea la mula, el sicario, el capo. Todas las cadenas de las mafias que están en el negocio son muy cortas, siempre con los días contados. El vendedor callejero al detal termina cayendo preso rápidamente, la mula hace unos cuantos viajes y se le termina su carrera. Todos los que están implicados en el negocio terminan mal muy rápidamente; esa es la cruda realidad, y no esa imagen un tanto estereotipada de los grandes traficantes ostentosos con sus cadenas de oro y joyas, viviendo en casas con grifería de oro y yacuzzis enchapados en oro. Esa es la visión que se suele transmitir cuando se habla del narcotráfico; pero la realidad verdaderamente es otra. Es una historia sórdida de sufrimiento, de dolor, muy corta. Por ejemplo, la mujer colombiana pobre, que no tiene ningún recurso y que termina prestando su vientre para transportar 90 dediles de 10 gramos cada uno, es decir: casi un kilo de cocaína, para llevarlos a Estados Unidos por unos cuantos dólares. Esa mujer, que está siempre al borde de la muerte si se le revienta un dedil, o está al borde que la detengan y se le termina su carrera, tiene una vida corta y no hace ninguna gran fortuna. Y esa es la realidad de la gente que forma las filas del narcotráfico: gente pobre, sin salida, que se presta a cualquier cosa para mágicamente solucionar su vida. Pero que no la soluciona; que en poco tiempo, por el contrario, termina su vida, porque o la detienen, o porque muere por sus mismas condiciones de vida. Son vidas cortas, muy cortas. Por otro lado, veamos la vida del sicario, la vida del joven al que preparan para matar, y al que le prometen una gran cantidad de dinero para matar por encargo. Esa también es una vida corta. Muchas veces las mismas mafias terminan matándolos para no pagarle lo prometido. No hay futuro con esas soluciones pretendidamente mágicas. Son salidas muy cortas, que se acaban muy rápidamente, un año, dos quizá. Y con el capo pasa otro tanto: son vidas siempre muy cortas, de no más de cinco años. O terminan presos o muertos, pero siempre son historias muy cortas. En todos los niveles del narcotráfico pasa lo mismo: son historias efímeras, y es mentira que todos hacen fortuna.Argenpress: Hay una imagen estereotipada respecto a los narcotraficantes en Latinoamérica; pero contrariamente a esta opulencia con la que suele presentárselos, entonces: ¿quién hace el verdadero negocio con todo esto? ¿Qué hay más allá del “show” mediático con que se nos muestra el fenómeno?R.M. Es que el negocio como tal nace y lo hace el imperio. ¿Dónde se da el verdadero consumo de drogas? En los países del Norte. Recordemos años atrás todo el tema del ácido lisérgico (LSD); eso nos llegó a través de ciertos valores culturales asociados al rock. Sin con esto querer decir que estamos en contra del rock, hay que ver que allí hay en juego una transculturalización. La cultura del rock nos la impuso el Norte, y junto con ella, la droga. El tema de la cocaína ya es otra cosa. La coca como tal es una hoja medicinal que la utilizaron diversos pueblos originarios de América, como los incas, los aymaras en Bolivia. En sí mismo eso no es nocivo, para nada. El problema empieza cuando esa hoja natural se transforma en pasta básica y cocaína, y se comienza a comercializar como droga más allá del uso que tenía en esas culturas ancestrales. A través de un proceso de transformación química la hoja de coca se convierte en un producto artificial, en principio para pequeños sectores de las altas esferas económicas. Se lo persigue, y eso hace subir los costos del producto, haciéndose una mercadería de lujo. Al prohibirlo, se lo busca, y eso trae consecuentemente un gran mercado que produce grandes ganancias. Los factores de poder generaron este mercado de consumidores de droga, para obtener ganancias, ni más ni menos. El mayor productor de marihuana legal en el mundo es Estados Unidos, y en muchos estados eso es legal. ¿Por qué no es legal la marihuana que llega de Colombia? Supuestamente la persiguen, pero no así la que se produce en los Estados Unidos. Sabemos que lo prohibido siempre atrae, y gracias a ese mecanismo el producto prohibido es buscado, y como ley económica sabemos que la demanda hace subir los precios. El narcotráfico, en definitiva, es un gran plan de comercialización de un producto prohibido que deja enormes ganancias, más que nada al Norte. Las ganancias que vienen hacia el Sur son muy pocas realmente, es lo mínimo. Se realza la figura de los capos latinoamericanos como grandes magnates para ocultar las ganancias que en verdad quedan en el Norte. Por eso se han construido esos mitos aquí. Argenpress: Se suele mostrar al narcotráfico como un demonio que se ha ido de las manos, algo que corroe los cimientos de las sociedades, que está fuera de control. Pero entonces, ¿no es esa la realidad?R.M. Es cierto, se muestra esa imagen, pero la cuestión real no es así. El narcotráfico está todo fríamente calculado. Es un negocio que está fríamente manejado, como cualquier negocio. Pero además, retomando lo que decíamos al inicio, no hay olvidar que en todo esto hay políticas imperiales de dominación mundial. A través de la supuesta lucha contra el narcotráfico se han venido haciendo intervenciones militares en los países productores de hoja de coca y donde la misma se elabora; pero ahí hay una política igualmente calculada: es una política de dominación del gobierno de Estados Unidos, ahí hay una iniciativa de hegemonía internacional y para nada el asunto está fuera de control. Al contrario: está totalmente controlado. Vamos a meternos con un tema espinoso: el actual presidente de Colombia, Alvaro Uribe Vélez, es un de los grandes capos del narcotráfico de ese país. Cuando era director de Aeronáutica Civil facilitó a las mafias cantidad de pistas de aterrizaje para que operaran con total impunidad. Quiero decir con esto que allí no hay algo que se fue de control sino que son políticas diseñadas para dominar un país, todo muy bien planificado, calculado. Con el supuesto ánimo de combatir el narcotráfico se elaboró el Plan Colombia, se elaboró el Plan Patriota, que no son sino estrategias para combatir a una fuerza armada irregular como son las FARC. Esa es la verdadera situación, y no el combate al tráfico de drogas. El cultivo de coca, en Colombia, ha aumentado desde que se implementó el Plan Colombia. La cantidad de coca que ingresa a Estados Unidos crece diariamente. ¡Por favor! ¿De dónde sacaron que hay un combate al narcotráfico? Es simplemente agarrarnos de tontos decir que se está persiguiendo el narcotráfico, cuando pese a los tremendamente estrictos controles que tienen en sus fronteras, siguen entrando toneladas y toneladas de droga. Y también hay que destacar que a través de todo este campo de la droga se ha hecho igualmente una terrible transculturalización. A miles y miles de jóvenes colombianos se les ha hecho perder sus valores; dada la situación de pobreza crónica en que viven tantos colombianos, la ilusión de plata fácil que da el tráfico de drogas muchísimos jóvenes terminan enredándose en esas marañas de las mafias. De esa forma se ha conseguido desnaturalizar profundamente la sociedad. Cuando se habla del narcotráfico hay una tendencia a mostrar sólo la parte de los capos ostentosos que andan exhibiendo sus joyas y sus cadenas; pero se omite ahí toda la sordidez de esa desnaturalización, de pérdida de valores solidarios, de violencia y ética de pura sobrevivencia no importa a qué costo. ¿Qué hay detrás del estereotipo del capo con lujos? Sólo miseria. Riquezas enormes en el Norte, y control político. Y para nosotros, en el Sur, sólo miseria y más miseria, miseria humana, miseria moral. ¿Qué nos queda a nosotros? Gente muerta, gente enloquecida por la pérdida de sus allegados. Yo soy de Medellín; y te puedo asegurar que esa era una interesante ciudad. Pero los barrios ligados al narcotráfico son la verdadera cara de todo el fenómeno. Ahí uno puede ver realmente la pobreza, la miseria más increíble, más sórdida.

Argenpress: ¿En Colombia hay problemas serios con el consumo?R.M. No, para nada. En Colombia la dosis personal es legal. Hay propuestas viables para terminar con esto del narcotráfico y toda la violencia que trae aparejado; y justamente, como son viables, no las han aceptado. La solución es la legalización de la droga como tal. Se estigmatiza todo el campo de la droga y del narcotráfico, pero no se presentan soluciones; y cuando se presentan soluciones viables como la legalización, no las aceptan. Al legalizar un producto que está prohibido -tal como pasó con la Ley Seca a principios del siglo pasado en Estados Unidos con la mafia de Al Capone- se cae el gran negocio que mantienen esas mafias que buscan que siga siendo ilegal. En Colombia el problema no es el consumo; lo hay, claro que sí, pero nunca con los niveles de la población de Estados Unidos. Las FARC hicieron la propuesta de legalizar la cocaína, en el año 2000. Ellos conocen muy de cerca toda esa problemática, sin decir que sean narcotraficantes. Conocen la situación porque en su área de acción, en el campo de Colombia junto a los campesinos que son históricamente productores de cultivos como el maíz, la yuca, la papa, también se da la coca. Y como este cultivo es más rentable, los campesinos finalmente terminaron haciendo la sustitución de sus plantaciones tradicionales por este nuevo, que les rinde más. Si ese cultivo se vuelve legal, se cae su cotización, y son los que hacen el gran negocio en el Norte los que no quieren eso. Por ello se mantiene ilegal, y como van las cosas, se va a seguir manteniendo ilegal. La despenalización contribuiría a que se acabe ese negocio, y por supuesto esos grandes poderes no lo van a permitir. Además, del negocio de las drogas salen grandes sumas para operaciones encubiertas, como fue el caso de la contra nicaragüense. Es decir: hay demasiados intereses creados para que todo este negocio siga. Hay que enfocarlo sin perder nunca de vista la geoestrategia en juego. El narcotráfico sirve para eso, por eso no lo quieren terminar. Lo pueden presentar como un problema de orden público, pero por debajo se juegan grandes políticas que no se van a terminar en lo inmediato. Hablábamos hace un rato del terrorismo islámico equiparándolo al narcotráfico; bueno, es cierto. Se usa de esa manera, para crear mensajes mediáticos. Antes el fantasma era “comunismo”; ahora se puede llamar “islamismo”, o “narcotráfico” o “Chávez”. Argenpress: Es decir que el tema del consumo específico puede ser abordado en términos de salud, como problema biomédico-psicológico. Pero el tema del narcotráfico no, es del orden de la geopolítica, ¿verdad? Ahora bien: ¿esta geoestrategia es particular de Washington, o participan también en ella otros factores de poder como la Unión Europea y Japón?En realidad el negocio se maneja básicamente desde Estados Unidos, pero los grandes capitales están totalmente transnacionalizados, están por todas partes. De todos modos son capitales de Estados Unidos y es su política imperial la que se impone a nivel mundial en todo esto del narcotráfico. Eso no se ve sólo en América Latina, sucede también en otras partes del mundo. En Afganistán, por ejemplo, que es el principal productor mundial de amapola para elaborar la heroína, también está la mano del imperio manejando con esta estrategia del narcotráfico; primero, porque es buen negocio, y además, porque de esa manera está metido y manejando un recurso tan importante como es el gas, básico para su política energética. Es decir que con la excusa del combate contra el narcotráfico se meten y pueden controlar desde dentro de los países todo lo que pasa ahí y a su alrededor, tal como es el caso de Colombia, que en realidad es una base para controlar la Revolución Bolivariana en Venezuela. En síntesis: el narcotráfico sirve a los grandes capitales, pero más aún a la política que traza Washington como gran potencia unipolar en su interés por seguir preservando su lugar intocable. Sabemos que el imperio está entrando en crisis, pero no va dejar todo así rápidamente. Para seguir manejando las cosas con su política de dominación global, para eso usa el narcotráfico. Argenpress: Sabiendo entonces que el mundo de las drogas es algo manejado por los mismos actores que deciden las deudas externas de los países, y las guerras; sabiendo que no es simplemente un problema de salud pública ¿qué podemos hacer los ciudadanos de a pie para enfrentar todo eso? R.M. Creo que hay que empezar por crear conciencia. Tener una cultura propia. El imperio nos controla de diferentes maneras, y también por medio de esta imposición cultural que es la droga. Nos vendieron la sociedad estadounidense como perfecta, donde se consigue todo, donde hay abundancia perpetua; pero en realidad es el peor modelo de sociedad que podamos imaginar. Para poder enfrentarnos realmente a esta estrategia del narcotráfico que nos impone el imperio tenemos que empezar por rescatar lo nuestro, nuestra cultura, nuestra idiosincrasia. No es sólo un problema de salud pública; así no lo vamos a poder enfrentar. Hay que verlo como problema geopolítico, como arma para dominarnos que nos pone el imperio, con muchas facetas, sin dudas. La legalización es la clave fundamental para cambiar todo esto; si lo sacamos de su lugar de prohibido, va a bajar mucho el consumo, y se va a terminar toda la delincuencia y la violencia que acompaña al fenómeno. El narcotráfico se presenta como una posibilidad rápida de resolver los problemas económicos; pero eso es absurdo. Ese es un mundo dentro del mundo, es una fantasía, y su realidad descarnada es la violencia, la muerte, la pérdida de humanización. Se presenta el mundo sólo desde la óptica de los dólares y la vida fácil. ¡Y ese no es el mundo real! Los problemas de la vida no se pueden arreglar con la entrada a ese mundillo fantasioso de los dólares fáciles; eso no es solución. Se necesitan políticas concretas que ayuden a dignificar a la gente, en salud, en educación, en vivienda. Si no, no hay salidas. La salida a través del narcotráfico lejos, muy lejos está de solucionar algo. La cultura que nos han vendido, de consumismo atroz, donde viene incluido también el consumo de drogas, eso no lleva a ningún lado. Por eso repito una y mil veces: estamos en el medio de una política de dominación que han creado para mantenernos maniatados. Cuando hablan de control del narcotráfico, eso hace reír. Cuando antes existía la DEA aquí en Venezuela se decomisaba muchísimo menos droga que ahora que ya no está. Está la DEA y te fotografía todo; ¿para qué? Para tener todo controlado, así de simple. En Cuba hay algo emblemático: el caso del general Ochoa, héroe de la guerra de Angola. Cuando se descubrió que participaba en una red de narcotráfico, lo fusilaron. Eso fue realmente una respuesta fuerte del Estado a un problema de narcotráfico, pero con un alto contenido político e ideológico. Lo que hace la DEA no tiene nada que ver con el control. Es una pura estrategia de inteligencia, de control, de injerencia. Ahora en Venezuela vemos que se da una real política de control en la materia. Sabemos que Venezuela se enfrenta al imperio, tiene una política de claro enfrentamiento con Estados Unidos, en todos los campos: económico, político, cultural. Ahora aquí sí se decomisa droga, porque hay un interés real, hay una política de Estado para enfrentar el tema. Pero antes, cuando estaba y operaba aquí la oficina de Washington para los narcóticos que es la DEA, era una persecución sólo simbólica. Por eso digo que hay que recuperar la soberanía; es la única manera de enfrentarse con la estrategia del imperio. Una cosa es el consumo tradicional de las diferentes culturas, los hongos alucinógenos, etc., que siempre han existido. Otra cosa es esta política que nos fuerza a consumir, para tenernos controlados luego. Para terminar, entonces: hay que entender el narcotráfico como un gran negocio y como una política de dominación, por lo que insisto entonces: la única manera de terminar esto es legalizando el asunto.

Entrevista a Carlos Lozano, periodista y dirigente comunista en Colombia













Por: Ramón Martínez

"El acuerdo humanitario lo que va a resolver es el problema de un drama, de una tragedia, de una gente que está en cautiverio y que merece la libertad"

CARLOS LOZANO, director del semanario "Voz", órgano del comité central del partido comunista colombiano, periodista, luchador social y dirigente político del polo democrático, organización que pretende agrupar a los sectores democráticos y de izquierda así como a las organizaciones sociales que luchan por una Colombia realmente democrática.

Ramón Martínez: Carlos, bienvenido, y gracias por permitirnos hablar contigo sobre la realidad política que se vive en la Colombia de hoy, la parapolítica, las relaciones y compromisos de altos jerarcas militares con los capos del narcotráfico, tal como lo ha reconocido el actual ministro de defensa.

Carlos Lozano: Bueno, yo diría que los últimos acontecimientos del proceso político colombiano, demuestran que la crisis política del país se esta profundizando, que es lo nuevo que se presenta en este segundo gobierno de Álvaro Uribe Vélez, lo que algunos llaman Uribe II, si bien es cierto el primer gobierno de Uribe se caracterizo por una mayor estabilidad gubernamental, por una mayor facilidad de la gobernabilidad lograda por Uribe Vélez, y que se asentó, en el autoritarismo, en la ofensiva contra el movimiento popular y social ; en la guerra contra el pueblo; la lucha contrainsurgente; en el plan patriota; el reforzamiento del plan Colombia; en la persecución contra los lideres sindicales y populares, en fin, una real ofensiva del gobierno, que también, tuvo partes en lo que tiene que ver con lo social, a través de la primera reforma tributaria, de las privatizaciones, de la propuesta del tratado de libre comercio, que aun no se ha logrado , pero que tiene que ver con la primera gestión del gobierno de Uribe, de la misma imposición de la reelección por la vía de la reforma constitucional ,toda la ofensiva contra laboral, en fin el primer gobierno ofrece una ofensiva muy fuerte no dentro de una crisis , sino dentro de una situación de control y estabilidad del país, quizá el único incidente que le causo gran preocupación y soberbia, fue la perdida del referéndum, salvo en los casos en que Uribe logro mantenerse en medio de contradicciones, de protestas populares, resistencia popular, no de grandes magnitudes pero de todas maneras, y de contradicciones con Europa, la unión europea, Colombia con la izquierda, en fin una serie de circunstancias que de todas maneras no dejaron pasar impune, es esa primera administración de Uribe. La segunda administración, es diferente, porque estamos viendo a un Uribe mas cansado, mas fatigado, se resiente esa imagen del presidente de fuerza, de control, de soberbia, de unanimismo, y se profundiza la crisis política. Yo creo que el principal elemento de esa crisis política es la aparición del fenómeno de la parapolitica, que venia encubándose y denunciándose desde antes; pero que no había logrado la fuerza y la contundencia que ya se presenta en este segundo periodo, con el paramilitarismo. La hace "VOZ; conocíamos de sus turbias relaciones en Santa Marta. Habíamos denunciado el hecho de que este señor, siendo el coordinador de la campaña de la campaña uribista para las primeras elecciones presidenciales, se había demostrado que tenía nexos con este señor Giraldo de la Sierra Nevada de Santamarta, y que era quien definía quién era quién en la política local y regional. Este señor ahora está preso, en Itagui; entonces estas denuncias habían sido contundentes, pero no habían tenido el respaldo de las diferentes ONG's , ni de nadie, y solo se presentaba como una denuncia de los comunista que tenemos por oficio eso, pero en este segundo período presidencial ¿que es lo que ocurre? Ocurre que gracias a que Uribe comete el grave error de pretender lavar la imagen de estos paramilitares, de sacar a la fuerza la ley de justicia y paz qué lo logra en su segundo período, cumple dos años, y no hay ni un solo condenado por la ley de justicia y paz. Es una ley de impunidad. Gracias a que Uribe cometió tantos errores acumulados tuvo una presión nacional e internacional fuerte, de exigencia a que mostrara resultados; y comenzó entonces a presionar a los capos del paramilitarismo a que confesaran algunos delitos, ya que la ley de justicia y paz lo considera así, y en medio de esas contradicciones de Uribe con los paramilitares, de Uribe con otros políticos, de ajustes de cuentas entre ellos por compromisos incumplidos, todos sabemos que Uribe hizo pactos en Santa Fe de Ralito con los paramilitares. Pactos para que no exista la extradición, y aun los paramilitares no tiene la certeza de que van a ser extraditados. Es más: las extradiciones están aprobadas, lo que no están es ejecutadas, que eso ya es de discreción del presidente de la república, o sea el peligro de la extradición está. Por esa razón estos paramilitares comenzaron también a hablar, a contar cosas.

RAMON MARTINEZ: Hay unas cosas que son interesantes, Carlos; está pendiente la aprobación del TLC con Colombia, hay algunas presiones de senadores demócratas y republicanos. ¿Podemos decir que Uribe quizá tenga una carta debajo de la manga con estas extradiciones que hace falta ejecutar con estos señores del narcotráfico?

CARLOS LOZANO: Puede ser, pero yo creo que Uribe no llegue a tanto. Uribe tiene pactos muy profundos, y además, estos paramilitares tienen secretos, saben mucho más de lo que han dicho. Estos hasta ahora no han dicho nada. Como decía en estos días la senadora Piedad Córdoba, que estos paramilitares han contado hasta ahora historietas y chismes, que son graves, pero faltan las cosas fuertes. Hasta ahora van 14, pero hay otros 15 que están procesados, que aun no están en la cárcel. Me refiero a congresistas. Hay algunos pocos políticos y el ex director del DAS. Se ha hablado de Rito Alejo del Río, pero aun la fiscalía no le ha abierto la investigación de nuevo. Faltan los empresarios; faltan los latifundistas; aquí falta mucha gente todavía, así que Uribe tiene que cuidarse mucho con los paramilitares, así que lo importante de todo esto es que ha generado una etapa de crisis, una desestabilización. Yo no digo de crisis profunda, pero sí una crisis que comienza a asomarse, y desde luego ya Uribe no puede gobernar como antes, no puede gobernar como gobernó en el pasado, aun sosteniendo todavía las mayorías uribistas. Por ejemplo este pleito con la corte suprema sobre el delito de corrupción que quiere él proporcionarle a los paramilitares para después poder decretar la amnistía. Se trata de un delito político; en ese pleito, pues, Uribe tiene la mayoría en el congreso para hacerlo, además, porque va a beneficiar a su propia gente, no es cualquier cosa. Por ejemplo, que el partido de la U tenga ya como 20 congresistas vinculados a procesos judiciales; aunque no todos en la cárcel, por esa vía se van a quedar sin congresistas. Los señores de Cambio Radical del señor Vargas Lleras, que hace tantos aspavientos, también tienen como 10 congresistas vinculados a procesos judiciales. Convergencia Ciudadana que tiene 7 senadores, 4 de ellos vinculados a procesos judiciales empezando por su jefe, el señor Gil, al que llaman el tuerto Gil, entonces naturalmente todavía tiene gobernabilidad, pero está afectada su legitimidad, que es lo que lo tiene en serio cuestionamiento internacional. Los demócratas norteamericanos están cuestionado, eso porque no le reconocen a Uribe cualidades para proteger los derechos humanos, para poder garantizar que no haya impunidad en el país, y para poder realmente conducir el país a la paz a la democracia, a la justicia social. Y eso no obedece a que los demócratas sean mejores que los republicanos; son contradicciones propias de la campaña electoral estadounidense, así que yo no me hago ilusiones: al fin y al cabo fueron los demócratas quienes aprobaron el plan Colombia. En semejante situación nos tienen, pero de todas maneras es importante que esa contradicción bipartidista en Estados Unidos está conduciendo a frenar el tratado de libre comercio y está mostrando que Uribe no tiene de todas maneras todo el respaldo, todo el espaldarazo del impero del norte para poder hacer y abusar como lo estaba haciendo antes.

Y ni que hablar de Europa, de la Unión Europea. Con ser tolerante ha sido cómplice de Uribe. De todas maneras ya comienza como a guardar distancias. A mi modo de ver, eso, más la presión internacional, los debates en el parlamento del POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO, los debates en el parlamento del Partido Liberal, las denuncias de las organizaciones no gubernamentales sobre el tema de los derechos humanos, sobre la impunidad, condujeron a que se saliera del bloque este escándalo de la parapolítica que compromete directamente al presidente Uribe Vélez. Hasta el momento, con mucha habilidad le ha sacado el cuerpo a eso, porque sin ser él un gran estadista, sin ser un hombre intelectualmente sólido, de todas maneras es muy hábil, muy inteligente, eso no se le puede negar. Pero es un manzanillo, es un oportunista como cualquier politiquero colombiano, y eso lo maneja muy bien. Él ha sabido hasta ahora eludir todas sus responsabilidades, con el cuento de "que cada quien debe responder por lo que hizo". Pero es que todos los votos que eligieron a esos congresistas paramilitares hoy, aquellos congresistas que están en la cárcel, aquellos congresistas que están siendo procesados, esos votos también le sirvieron a Uribe para ser elegido, en la primera y en la segunda elección presidencial. Y eso es lo que tiene que tomar atenta nota, no solamente los círculos norteamericanos, si no en Europa y en el mundo, aún en América Latina, en donde hay tanto silencio por decirlo de alguna manera, de tantos desafueros del presidente Uribe. Así que estamos frente a una crisis política. Esto no es nuevo. Todavía no tiene desarrollo en una crisis económica y social, porque al contrario, Uribe está siendo beneficiado con un auge de la economía, que no es colombiana, es en América latina; el auge de la economía colombiana tampoco es que sea mucho, comparado con los países latinoamericanos que lograron mayor crecimiento económico en los ultimas años. El de Colombia es un crecimiento de los intermedios, con la tendencia a ser de los más bajos, aunque es importante el crecimiento. Pero claro, es un crecimiento que no beneficia a los sectores populares, beneficia a la gran oligarquía, que por eso está contenta. El día en que en el país haya una crisis económica, es decir, que pase esta coyuntura favorable, que puede pasar, incluso en este mismo año, el día en que la oligarquía no siga llenándose los bolsillos de dinero, ese día el señor Uribe va a tener menos respaldo de estos señores que son los verdaderos dueños del país y por esa razón es que hay que considerar como una probabilidad el hecho de que Uribe no termine su mandato presidencial. No es una certeza pero sí una probabilidad si se dan las condiciones, porque Uribe no puede gobernar como antes. Lo que falta ahora es que la crisis se generalice, que haya una crisis económica y social que incluso su soporte social que es la oligarquía lo abandone y que impulse la movilización social contra la injusticia que ya se está dando en Colombia en los últimos meses.

RAMON MARTINEZ: Has tocado un tema muy interesante y que desde Venezuela se ve con mucha expectativa: lo que puede suceder en Colombia con respecto a las políticas imperiales, plan Colombia, plan Patriota, todas esas cosas que están enfocadas como una agresión a la revolución bolivariana. Lo que tú acabas de decir, que es posible que Uribe no termine el mandato presidencial, vamos a verlo desde la otra óptica: si Uribe no puede terminar su mandato, ¿cómo las fuerzas populares y democráticas lograrían convertirse en una alternativa real de poder, cómo se encuentran, teniendo en cuenta la influencia de la insurgencia armada y las diferencias que existen al respecto?

CARLOS LOZANO: Yo creo que hay que considerar que la izquierda y los sectores democráticos colombianos tienen que preparase en definitiva para las elecciones del 2010. Esta tiene que ser la meta, y tiene que ser una convergencia de las fuerzas de izquierda y de las fuerzas democráticas para abrir un frente amplio capaz derrotar al uribismo, no solo a Uribe, si no al uribismo, en las próximas elecciones. Sin embargo la izquierda tiene que estar preparada para cualquier eventualidad y para cualquier circunstancia, porque el papel de la izquierda no puede reducirse a una oposición simple en el parlamento. Es muy importante, pero no es la única. No se puede reducir a prepararse para unas elecciones que al fin y al cabo son rutinarias, ocurren cada cuatro años, si no para cualquier fenómeno que se presente en el proceso político colombiano, y fácilmente se puede presentar, la eventualidad de que se le agoten las posibilidades al presidente Uribe de estar allí. Entonces allí es donde tiene que jugar la izquierda, donde tiene que jugar la democracia en Colombia para buscar una salida, desde luego institucional, no insurreccional, ni una revolución, pues como cuando uno habla de esto los uribistas salen diciendo que uno está llamando a la lucha armada y al desconocimiento del orden constitucional. Pues no se trata de esto; se trata de que con la participación del pueblo, que al fin y al cabo como dicen los abogados, es el constituyente primario, se puede definir el rumbo del proceso colombiano por la vía de una solución democrática, por la vía de convocar unas nuevas elecciones, de anticipar unas elecciones, para lo cual debe estar preparado el país, la izquierda, la democracia, sobre la base de un frente amplio que permita abrir la posibilidad de reconstruir el país sobre nuevas bases.

Nosotros no tenemos que preocuparnos tanto por la insurgencia; la insurgencia es una realidad en Colombia, que tiene unas causas naturales. Entonces, en la medida que el proceso político vaya decantando esas causas del conflicto, bien por la vía de una negociación con la guerrilla o bien por el fortalecimiento de la democracia, pues se pueden dar las condiciones para que la guerrilla juegue un papel político en este proceso, para que en el futuro el país logre la paz, logre la democracia, logre la justicia social. Dicho de otra manera: yo no creo que los problemas de la democracia en Colombia sea la guerrilla, eso es un error que hay incluso en ciertos personajes de la izquierda que se dejan acosar por la derecha, que se dejan cuestionar de la derecha, porque creen que eso es un pecado pues, decir que la guerrilla tiene un espacio político en la vida del país.

El Polo Democrático lo ha dicho en varias oportunidades: nosotros no acudimos a la vía de las armas, no aceptamos que la política se haga por la vía de las armas, pero esperamos a las guerrillas de hoy aquí en el Polo Democrático. Tendrían que ser desarmadas, a eso no hay que tenerle temor y ese no es el enemigo; el enemigo es el que nos quiere llevar a la noche oscura del fascismo, de la negación de los espacios de participación y de libertad y de democracia que debe haber en Colombia. Ese es el verdadero enemigo y eso es lo que debemos entender a la hora de actuar en la vida política nacional.

RAMON MARTINEZ: Si tú dices que el problema en Colombia no es la insurgencia armada, que tiene un espacio que se lo han ganado con muchos mártires, se habla de un acuerdo humanitario, se habla de unos posibles acuerdos de paz con sectores como el ELN, ¿cómo entrar a materializar eso? ¿Se pasa primero por llegar a un proceso electoral o se pasa necesariamente primero por buscar un acuerdo nacional que conlleve a una buscar una viabilidad de solución a este conflicto que ya lleva 60 años en el país?

CARLOS LOZANO: No, no son contradictorios, nada de esto es contradictorio. Nosotros tenemos que entender como parte del proceso político que está en marcha, que hay la necesidad de propiciar el acuerdo humanitario. Un acuerdo humanitario no es un acuerdo político; eso no nos va a cambiar el país, ni si quiera va a resolver el problema de la guerra. El acuerdo humanitario lo que va a resolver es el problema de un drama, de una tragedia, de una gente que está en cautiverio y que merece tener la libertad, para que no ocurra lo que ocurrió con los diputados del Valle del Cauca, para que no ocurra lo que ocurrió en Urrao, Antioquia, donde también murieron varios de las personas que estaban en poder de la guerrilla. Entonces ¿cómo impedir eso? Mediante los operativos de rescate se ponen en peligro la vida de las personas; o mediante un acuerdo humanitario que lo puede hacer el propio Uribe, si tiene la voluntad y el deseo de hacerlo. Entonces hay que presionarlo con la comunidad internacional, ahora que esta marcha del profesor Moncayo, que ha movilizado a miles de personas en torno a intercambio humanitario, que bien podría abrirse espacios. Ahora el tema de la paz es otro. Desde luego va ser muy difícil con un gobierno como el de Uribe, por eso se requiere de un nuevo gobierno, de una nueva realidad en Colombia que asuma como una necesidad el tema de la paz, por la vía del diálogo y la negociación que es lo que no tiene en sus cálculos Uribe. Sí lo tiene que tener claro la izquierda y los sectores democráticos; yo creo que hay que trabajar por construir un frente amplio de los colombianos para poder gobernar a Colombia sobre nuevas bases de democracia, para que se produzca una apertura democrática en la cual es fundamental la solución política del conflicto.

RAMON MARTINEZ: ¿Ese frente no pasa por el Polo Democrático, como el germen, o sería otra fuerza mucho más amplia?

CARLOS LOZANO: Yo creo que ese germen es el polo democrático, claro, y es una realidad hoy día. Podríamos decir que el polo democrático es la columna vertebral de ese cambio, pero tiene que estar abierto a nuevas expresiones, a nuevos movimientos de expresión social y popular, aunque el polo tiene que definirse y tiene que tener identidad en estos propósitos. Bien lo dice el maestro Carlos Gaviria, con identidad, sin sectarismos, sin ambigüedades, eso es lo que debe tener el polo para poder liderar este proceso de cambio en el país.

RAMON MARTINEZ: En las últimas declaraciones del ministro de defensa reconoce que altos mandos militares han estado vinculados al narcotráfico. ¿Es otro mensaje de que el país esta en manos de delincuentes?

CARLOS LOZANO: Mira, eso no es nuevo. Que el narcotráfico tenga penetrada las fuerzas militares, eso ha sido así toda la vida. O sea que el señor ministro de la defensa no ha descubierto el agua tibia. Lo que pasa es que ahora, para poderse rodear de apoyos internacionales en momentos en que la oposición civil es bastante frágil y bastante débil, ellos andan con esa historia, como la historia que sacó el director del DAS sobre el tema del asesinato de los 11 diputados que dice que fue fuego cruzado de dos grupos de la guerrilla que se enfrentaron y es ahora cuando ese señor director del DAS se está yendo, viene a decirnos que esa fue la realidad en la muerte de esos 11 diputados. Estas no son falacias, son historietas, son fábulas que ellos se están inventando para convocar el apoyo internacional, para ser víctimas del conflicto. El gobierno cree que es víctima y entonces está convocando a la solidaridad como si no fuera el victimario. Entonces la verdad es que esto no es nuevo: el narcotráfico ha tenido permeado a los militares desde hace ya mucho tiempo. Acuérdate que hace dos años, o menos de dos años, en el Valle del Cauca, cuando un grupo del ejército asesinó a un poco de policías y les hizo una emboscada porque iban a capturar a unos capos del cartel del norte del valle, o sea era un batallón del ejército al servicio del narcotráfico. Eso no es nuevo, ellos están penetrados hasta lo más profundo, y el señor Santos sale ahora revelando una gran cosa, pues haciendo un gran escándalo con algo que es el pan de cada día en Colombia.

RAMON MARTINEZ: Finalmente, en una de los últimos informes de una agencia internacional sobre el oficio del periodismo, aparece Colombia como uno de los países mas peligrosos para ejercer esta profesión, el primero en América Latina en donde más periodistas han sido asesinados con un promedio de 7 por año. ¿Cuál es la situación real del periodismo en Colombia: hay libertad de expresión o no la hay? ¿Cuál es la situación real?

CARLOS LOZANO: No hay libertad de prensa; el periodismo en Colombia está amordazado, no tanto por leyes ni por instituciones sino de hecho por esta campaña del paramilitarismo, por la intimidación de Uribe. Todo medio de comunicación, no solo de la izquierda, así le ocurrió a la revista Semana, le ha ocurrido a periodistas que trabajan en los medios de comunicación del régimen, que por criticar al gobierno son calificados de terroristas, que decir del periódico VOZ, que ha sido señalado por el señor Uribe de ser cómplice de la guerrilla. Entonces hay una campaña desde el alto gobierno que se traduce en crímenes, en asesinatos, en que los periodistas sean silenciados a bala por los enemigos de la paz y de la democracia. Entonces en Colombia, en definitiva, no hay libertad de prensa, no hay medios de comunicación libres, no hay medios de comunicación que tengan la posibilidad de llevar un mensaje directo. Eso es un hecho histórico que un periódico como VOZ esté cumpliendo 50 años, y no como un mérito de la democracia sino como un mérito de la obstinación tal vez de quienes han promovido el semanario VOZ con el apoyo de los comunistas, de la izquierda, del movimiento popular en medio de la tragedia, en medio de la intimidación, de las bombas, de los asesinatos. Manuel Cepeda, directo, fue asesinado; muchos periodistas nuestros han sido intimidados, otros han tenido que salir. Esa es la realidad.

LA PAZ COMO LA GUERRA ESTAN A UNA PALABRA DE DISTANCIA POR ESO HAY QUE SOÑARLA


Nos encontramos con el escritor Jorge Enrique Arbeláez, nacido en Ibague, departamento del Tolima de la Colombia hermana, para que desde su óptica como hacedor de cultura nos hable de la paz y en concreto de su obra, la novela titulada: "Y ¿PORQUE NO?"

Ramón Martínez: ¿por qué el título de la novela?

Jorge Arbeláez Esta novela intenta lanzarle un reto al lector, a la sociedad. Todo libro es escrito con la intención de modificar la forma de pensar del lector. De convencer de algo a quien se espera lea el libro. En este caso, la novela es una pregunta que esta flotando sobre el ambiente. Es la utopía que esta pesando sobre las caras, sobre las miradas de los desplazados y de los abandonados de la esperanza. Es una pregunta que espero acompañe al lector a través de toda la historia, y que le quede sonando en la conciencia como un llamado a pensar en ese otro que se encuentra del otro lado, y que siente, sufre y sueña como él.

Ramón Martínez: ¿Y la novela?

Jorge Arbeláez. La novela es solamente un pretexto para dar cabida al dolor, pero también a la esperanza. Es la posibilidad de sentir desde otro punto de vista, de sentir ese dolor que a veces nos resulta tan ajeno, pero que casi podemos palparlo. Es un reclamo contra la indiferencia. Es la forma de sacar la realidad de la banalidad de los noticieros, y traerla a nuestros corazones. La novela es una queja para no quedarnos en el lamento, para llegar mas allá de las culpas y las recriminaciones. Es una invitación a sentir ese dolor ajeno como propio, y sentir esa solidaridad tan propia de los colombianos.

Ramón Martínez. Dentro del desarrollo de la novela encontramos varios personajes a través de los cuales tu presentas situaciones que son reales.

Jorge Arbeláez. La novela busca ser un reflejo de la realidad colombiana, y aunque es una historia trata de partir de la realidad y crear un mundo nuevo utilizando la literatura como un medio. La novela es un pretexto para describir la realidad colombiana y crear en el lector una sensibilidad distinta con referencia al problema sociopolítico. La novela quiere rescatar ese sueño de todo colombiano, que es el de vivir en paz, en un país en donde pueda sentirse seguro y orgulloso. Pero la novela no busca hacer política. No quiere ser una justificación para nadie. Tampoco intenta ser un documento histórico. Hay muchísimos estudios sobre el tema realizados por instituciones muy respetadas, con los cuales no intento competir. La novela es un canto a la paz. La novela tiene como punto de partida la realidad, pero solo eso, el desenlace está exclusivamente en la literatura. Es parte de la ficción.

Ramón Martínez: Realmente la situación colombiana para quienes la conocemos un poco y tu que la dominas en gran parte, es necesario remontarnos un poco a las visiones macondianas, de lo real maravilloso, ¿desde tu óptica como escritor y del tratamiento que les das a los personajes de la novela, hay algo de fantasía o ves realmente la posibilidad de que se de un proceso de paz en Colombia?

Jorge Arbeláez: La paz es una utopía, es algo que se sale de la realidad y que el pueblo colombiano tiene que dar un salto muy grande para poder alcanzar, es el horizonte que debería guiarnos. Pero la paz en este momento es una fantasía, es un sueño de un genio que está dentro de una lámpara maravillosa. Pero la literatura también es fantasía. Es ahí en donde se entrecruzan la novela y la realidad. La realidad Colombiana supera con creces la imaginación de cualquier escritor. La exhuberancia que nos brinda el trópico en nuestros recursos de flora, fauna y geografía, también parece que inunda nuestra realidad social. A mucha gente luego de contarle la realidad colombiana, piensa que uno le está mintiendo. No obstante el colombiano ya está acostumbrado a esa dosis de realismo mágico que inunda su cotidianeidad. Llevar esa condición a la literatura es solamente mostrar un pálido reflejo de la realidad que nos circunda. Por eso, para el lector no debe resultar tan difícil en la novela, determinar dónde termina la realidad, y dónde comienza la fantasía. Por lo demás, la paz tiene que llegar. En algún momento tendrán que sentarse a dialogar tal como ya se ha hecho en diferentes partes del mundo entre grupos en conflicto. En Colombia ya tenemos una experiencia en ese sentido en los años 50 entre liberales y conservadores. Si lo hacemos ahora, podremos evitar muchísimas muertes y dolor al pueblo Colombiano. Una guerra no puede durar para siempre.

Ramón Martínez. Y ¿el genio?

Jorge Arbeláez. El genio es el gran hacedor de esta historia. Pero para que ese genio salga de la lámpara, es necesario que alguien lo libere. Ese alguien bien podría ser el lector. Ese ciudadano que camina desprevenido por las calles de cualquiera ciudad, o cualquier pueblo o vereda de la ancha geografía colombiana. Ahí está el lector. El lector podría ser quien libere el genio en esta figura. En las manos del lector y de todos los Colombianos, está el que ese sueño se haga o no realidad.

Ramón Martínez: Pero ¿qué puede hacer el lector?

Jorge Arbeláez. Para que haya una pelea se necesitan dos. Para que haya una guerra también se necesitan actores en conflicto, se necesita una cultura de guerra, que en realidad no es cultura, sino anticultura. Entonces, volvamos a la cultura, volvamos a la esencia del ser colombiano, que es un ser de paz. La gran mayoría del pueblo colombiano quiere la paz, lo que pasa es que no cree que la paz pasa por él; que él puede ayudar a conseguir, a alcanzar la paz. Pero ese es el gran error. La paz pasa por el pueblo. Pasa por la señora que está en la casa, que está en su trabajo, por el niño, por el estudiante, por el obrero, claro está también del guerrillero, del paramilitar, del soldado, del político. La paz necesita de todos. La paz necesita del acompañamiento de todos y de cada uno.

Ramón Martínez. ¿Tus personajes son salidos de la realidad?

Jorge Arbeláez. En su gran mayoría son salidos de los noticieros de la televisión. Los personajes brotan de las entrevistas y de la reseñas de noticias que sobre el conflicto hacen los noticieros. Pero todo su trasegar es absolutamente novelístico, No responden a nadie en particular, y a todos en general. Yo traté de presentar a los diferentes actores de la sociedad colombiana, pero no son inspirados en nadie en particular. ¿Qué tanto responden a la realidad? El lector es el único que puede dilucidarlo.

Ramón Martínez. ¿Podemos decir que tu novela es una invitación para que el lector se involucre en la lucha por la paz?

Jorge Arbeláez. Exactamente. Eso es lo que yo intento hacer con la novela, y eso es lo que yo creo que deberíamos hacer todos los trabajadores de la cultura. Crear una cultura de paz. Que el colombiano tenga una opción diferente a la guerra. Que todos seamos multiplicadores de la paz y no de la guerra. Que el individuo se involucre en la lucha por la paz.

Ramón Martínez: ¿Y el desenlace de la novela?

Jorge Arbeláez. Los detalles que acompañan el desenlace de la novela son necesarios paraedondear la historia. Pero realmente la historia la termina es el lector. El es él único que puede decidir si la utopía se alcanza. La novela permanece como la pregunta: "Y, ¿Por qué no?" a la espera de que el lector, de que la sociedad, algún día la responda.

Ramón Martínez: Y la paz en Colombia: ¿es posible?

Jorge Arbeláez: Claro que sí. Ya tenemos una experiencia en ese campo. En el siglo pasado, los liberales y los conservadores fueron actores de un conflicto armado que generó miles de muertos. En aquella época cualquiera que se hubiera atrevido a pensar en un gobierno de liberales y conservadores habría sido tildado de loco, sin embargo, hoy podemos ver cómo en el gobierno se encuentran liberales y conservadores. ¿i la paz se pudo acordar en aquella época, por que ahora no podemos hacerlo?

Ramón Martínez: ¿Esta cerca la paz?

Jorge Arbeláez. La paz como la guerra, están a una palabra de distancia Es solamente un cambio de actitud. Y la cultura tiene mucho que ver con eso.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Revolución en la Revolución.

El momento actual que se viene desarrollando en venezuela, es de una importancia y de una excepcionabilidad que todos debemos analizar muy bien, veamos estammos en un proceso en el cuál se combinan infinidad de factores en lo económico, lo politico y lo social que no nos permite, darle una caracterizacion de revolución socialista desde los analisis del marxismo. se carecen de factores que así lo permitan, una clase obrera definida como clase en si y para si. un partido fuerte que jalone el proceso de cambio, solo en construcción para algunos, para otros más de lo mismo, practicas que rayan en el clientelismo,etc. son factores que debemos tener en cuenta, por lo tanto esta pequeña nota es solo un abreboca a un análisis, de mayor envergadura.

LA COMUNICACION ALTERNATIVA UN HECHO DE MILITANCIA

Ramón Martínez, colombiano actualmente radicado en Venezuela, coordinador de COLAREBO –Comité Latinoamericano por la Revolución Bolivariana–, activista político antiimperialista, es comunicador alternativo en un medio comunitario.
Desde la Radio Libre Negro Primero (101.1 FM), en Sarría, Parroquia El Recreo, Caracas, contribuye al proceso de consolidación de la revolución convencido que el aporte que dan los medios comunitarios juega un papel fundamental en la construcción de una nueva sociedad. Entendiendo que la revolución social pasa en muy buena medida por una transformación en los valores, en la ética con que una sociedad se mueve; en definitiva, que pasa por la cultura, los medios de comunicación, justamente como forjadores de cultura, cumplen una misión cada vez más importante en el colectivo. Ante la avalancha desinformativa y manipuladora de los medios de derecha, nacionales e internacionales, es necesario levantar otra voz, desde abajo, de aquellos que en general no llegan a los circuitos comerciales de la comunicación, para dar la batalla por otro mundo. La cultura, en ese sentido, es un campo de lucha de la más grande importancia. ENcontrARTE conversó con él sobre esta temática y sobre las vías que se abren ahora, luego de la elección del 3 de diciembre, para la consolidación del proceso en marcha, considerándolo siempre desde el hecho cultural.ENcontrARTE
ENcontrARTE: Ramón, ¿qué están haciendo en el campo de la comunicación comunitaria y popular? ¿Qué han hecho y qué más consideras que hay que seguir haciendo?Ramón Martínez: La actividad comunitaria que impulsamos desde la Radio Libre Negro Primero tiene que ver con las nuevas formas de participación popular desde la comunicación que ha permitido el actual gobierno bolivariano. Como parte de las actividades del Comité Latinoamericano por la Revolución Bolivariana –COLAREBO– del que hago parte, conduzco un programa de radio por esta emisora, “América insurgente, voces contra el imperio”, que sale al aire los sábados de 3 a 5 de la tarde. De lo que se trata es aprovechar y consolidar el proceso de comunicación popular que se ha generado, y en ese marco llevamos un mensaje a la comunidad, desde la comunidad y para la comunidad levantando una voz antiimperialista, un mensaje por la integración latinoamericana. Es decir: llevar una información de primera mano, con actores de primera mano, a todas las comunidades del norte de la ciudad de Caracas. Cubrimos el norte de la ciudad: parroquias El Recreo, San Bernardino, La Candelaria, Alta Gracia, parte de Los Chaguaramos, parte del Valle y Caricuao; aproximadamente a un 70 % del valle de Caracas llega nuestra señal.Soy colombiano de origen, pero tengo varios años de vivir en Venezuela y de compartir con los hermanos venezolanos y de otros países latinoamericanos este país. De ahí que hago parte de esta iniciativa que es COLAREBO, habiendo adoptado como propia esta patria, que es la patria de Bolívar. Y lo que buscamos con nuestra actividad comunicacional es enviar a nuestros respectivos países de origen una información de primera mano, objetiva y veraz, de lo que está ocurriendo en Venezuela con la Revolución Bolivariana. Es decir, nuestro aporte a través de “América insurgente” es expresar las opiniones de una comunidad muy importante, que es la comunidad de latinoamericanos, y también del mundo, porque hay compañeros de otras latitudes. Es una difusión internacional, porque hacemos enlaces a través de internet para que quienquiera, en cualquier parte del mundo, pueda conectarse con la radio a través de la página http://www.negroprimero.org.ve/. Lo nuestro es parte de una lucha contra el poder mediático establecido, considerándolo en el plano de lo internacional. Por otro lado, en lo nacional, ahí tenemos otro trabajo de gran importancia, hacia la comunidad local. La idea es que los que nunca han tenido voz, ahora tengan voz a través de estos espacios, tengan la posibilidad de expresarse. Cuando vienen compañeros de otras latitudes y los llevamos al programa, a través de eso hacemos conocer problemáticas y luchas de otros países a través de declaraciones de primera mano; y también ellos se llevan una visión directa de todo lo que aquí se está construyendo. Es una lucha cotidiana que se da desde las emisoras comunitarias, y en el caso de la Radio Libre Negro Primera, como pionera, y además con la mayor cobertura en Caracas como radio comunitaria. ENcontrARTE: Sin dudas hoy vivimos una explosión de medios comunitarios en esta Revolución Bolivariana. ¿Qué papel juegan esos medios en la construcción de un nuevo modelo social?R.M.: Esto es muy importante. Había un dique que contenía toda la voz de un pueblo que eran los grandes medios de comunicación, que cercenaban todas las oportunidades de expresión de las comunidades. Jamás una comunidad iba a llegar a una radio, y mucho menos a la televisión. Sólo podían llegar a la televisión como relleno, y le daban unos centavitos para hacerlos trabajar como extras. La explosión comunicacional que se da ahora está demostrando la cantidad de valores que hay en todas las comunidades, la cantidad de comunicadores comunitarios que no tenían la posibilidad de demostrar su talento, y que ahora, a través de los medios populares, se vienen expresando. Hay miles de comunicadores comunitarios hoy día, muchos nucleados en ANMCLA –la Asociación Nacional de Medios Comunitarios, Libres y Alternativos–, y muchos por fuera, que con los más diversos formatos en que se expresan, están transmitiendo mensajes a través de todas las comunidades. Y todo esto fortalece la Revolución Bolivariana. Ahora, con la participación de todos estos sectores históricamente excluidos, tenemos un movimiento enorme: todo el mundo aporta ideas, da su parecer, opina. Desde el medio comunitario tenemos todo este campo nuevo, tan importante por cierto: se crea un nuevo tipo de oyente, un nuevo usuario participativo, un nuevo medio.
Y una nueva cultura. Porque antes la gente se dedicaba, justamente, a otra cosa, se movía con otros valores. Se la pasaban con su radio escuchando carreras de caballo, por ejemplo. Eso era demostración de un tipo de cultura que, ahora, ya ha comenzado a cambiar. Ahora la gente se comienza a interesar por otro tipo de temas. Y todo ello gracias a la gestión política que viene desarrollando el presidente Hugo Chávez. Ahora la gente ha empezado a ver las cosas de otra manera, a leer, a participar, a dialogar, a debatir y a protestar. Cuando la gente tenía razones para protestar, la reprimían. Hablamos del año 1998 hacia atrás. No hay dudas que toda esta nueva forma de ver las cosas que tenemos desde hace ocho años ha sido un acierto. En la Radio Libre Negro Primero hay una diversidad de expresiones, hay para todos los gustos. Incluso hay organizaciones religiosas que llevan sus programas. Por lo que no es cierto lo que dice la oposición, que las radios comunitarias están totalmente atadas a la política comunicacional del gobierno. Aquí hay de todo: también, por ejemplo, jóvenes que hacen su programa de rap, y su temática no es exactamente política. Y también hay programas como “Habla mi barrio”, del Colectivo Bolivariano de Sarría, donde se ven los problemas del día a día del barrio, el problema de la escalera, el problema del bombillo de la luz de tal calle. Todo eso contribuye a que desde estas emisoras comunitarias, alternativas, se puedan tocar temas y dar respuestas a cuestiones que a los grandes medios comerciales no le interesan, manteniendo la diferencia entre lo comunitario y lo alternativo.
ENcontrARTE: ¿Qué diferencia hay entre lo comunitario y lo alternativo?
R.M.: Desde lo comunicacional diría que una emisora comunitaria es aquella que está basada en la comunidad, siendo la comunidad la que la dirige. La comunidad es su epicentro. La emisora alternativa, o el periodismo alternativo, es la presentación de una opinión distinta, de una óptica diversa a la matriz de opinión determinada por los grandes medios comerciales, que monopolizan los mensajes. Periodismo alternativo es lo que hacemos en “América insurgente”, donde presentamos una versión distinta a la versión de los monopolios informativos, y que se genera y se nutre desde los actores propios de los hechos. El periodismo alternativo es el que presenta una alternativa diferente a las matrices dominantes. Esas matrices tienen siempre un sesgo político-ideológico; pero el periodismo alternativo trata de mostrar los hechos desde una visión mucho más imparcial, objetiva, no desde la crónica roja, desde la descalificación, y siempre a partir de las fuentes directas de los hechos.
ENcontrARTE: ¿Cómo piensas que deberíamos tomar la objetividad en el campo periodístico?
R.M.: La objetividad no se puede tomar como verdad absoluta, por supuesto. En todo caso, hay que buscar la transmisión de los hechos como suceden. Hay que narrar los hechos sin ponerle a sabiendas una carga que los juzgue, los descalifique, los presente ya desde una perspectiva determinada. Hay que buscar, hasta donde se pueda lograr, la crónica de los hechos sin darle ningún sesgo previo. Y el tema de la objetividad nos lleva al campo de la responsabilidad, es decir: la ética. Quien informa sabe lo que está diciendo y sabe hacia dónde quiere llevar a quien recibe el mensaje. Sin profesionalismo, sin objetividad, entramos en el campo de la manipulación. En el campo de la comunicación comunitaria hay mucha más objetividad, porque se hace a partir de una responsabilidad social, una responsabilidad basada en una vocación de servicio hacia su comunidad y no por un interés comercial. En ese campo no se trata de defender un interés determinado por un sueldo, por una ganancia; ahí, al contrario, está en juego un proyecto en el que se cree, por tanto no hay manipulación en juego. La comunicación comunitaria y alternativa es un hecho de militancia, por eso guarda mucha más responsabilidad, y por tanto objetividad.
ENcontrARTE: Sin mayor apego a la objetividad, los medios comerciales generan un modo de pensar, una cultura. ¿Cómo podemos o debemos actuar los medios alternativos –con una ética de la responsabilidad, como militancia– contra ese poder monopólico de los grandes medios que manejan los mensajes y la cultura a nivel mundial?
R.M.: Te lo contesto con un ejemplo puntual, con el caso de la Misión Barrio Adentro. En concreto, con la Clínica Salvador Allende, en Chuao, recién inaugurada. Sabemos que la buena utilización de los recursos, o su despilfarro, están determinados por la formación cultural de los usuarios. La gente, muchas veces, tiene una actitud irracional de despilfarro, de no saber utilizar adecuadamente los recursos. Lo digo porque en este centro tuve oportunidad de ver miles de placas radiográficas que muchos usuarios se hicieron y nunca fueron a retirar, y aquí las dejaron abandonadas. Pura cultura del consumismo, que es lo que nos han dado desde años. En este caso, entonces, nosotros como medios comunitarios y alternativos estamos obligados a buscar influir culturalmente para crear otra actitud respecto a la utilización de los recursos. Esa es una tarea importante que nos toca a nosotros: trabajar para cambiar esas matrices culturales. Y pongo el caso de este centro diagnóstico sólo como un ejemplo. O podemos hablar también del caso de los lentes que se entregan en la Misión Barrio Adentro; hay gente que va a buscarlos varias veces y acumula dos, tres o cuatro pares de lentes. ¿Para qué? Bueno, pura cultura del consumismo, del derroche. Y sobre eso nosotros, los medios comunitarios, tenemos mucho que aportar para transformar esos patrones, esos esquemas culturales. Porque en eso, quizá hay que reconocerlo, la política comunicacional de la revolución hasta ahora, en estos ocho años, ha fallado, o no ha dado todo el resultado que se hubiera deseado.
ENcontrARTE: Tal como lo dices, la cultura del consumo y del derroche están muy metidas todavía en nuestra idiosincrasia. ¿Falló la política comunicacional del Estado en estos años para cambiar eso, o es que transformar ese molde cultural llevará mucho más tiempo y más trabajo todavía?
R.M.: Creo que la respuesta debe ser más política que cultural. Tomemos como marco de referencia América Latina. Pensemos en Cuba antes de la revolución del 59; pensemos en el asalto al Cuartel Moncada, por vía armada. Pensemos en Chile, a finales de los 60 y comienzos de los 70. Recordemos el triunfo de Salvador Allende por la vía electoral con la alianza de distintas fuerzas de la izquierda. Tomemos también, como marco de referencia, Nicaragua en el año 79, donde se repite más o menos la historia cubana, donde se luchaba también contra una dictadura, una dinastía familiar como fue la de los Somoza. Y tomemos el triunfo por los sandinistas aquel 19 de julio, también por vía armada, como fue la de Fidel y los barbudos en Cuba. Vengamos un poco más acá y pensemos en Venezuela. Este país tuvo el prodigio de ser receptor de muchas culturas; aquí hay presencia de pueblos de todos los continentes, asiáticos, europeos, latinoamericanos, presencia africana, etc. Realmente es un crisol de culturas. Recordemos el paquete de medidas neoliberales con Carlos Andrés Pérez y el consecuente caracazo. Fue ese momento, con su represión brutal con más de 3.000 muertos, un cimiento básico pare comprender el proceso en que actualmente estamos. Eso hizo que dentro del ejército surgiera el Movimiento Bolivariano 200, liderizado por el comandante Hugo Chávez. Y ahí vemos el surgimiento de nuevas vías para el cambio: no es vía armada, ni es vía electoral ni es por las vías tradicionales de la izquierda. Lo digo así para diferenciarlo de otras experiencias de América Latina que recién mencionábamos: el caso de Nicaragua fue impulsado por los sectores de izquierda que componían el Frente Sandinista; y el caso chileno también fue liderado por los sectores tradicionales de la izquierda, el Partido Comunista y grupos de izquierda. Pero el caso de Venezuela, no. Aquí se ha dado una circunstancia muy particular, muy sui generis, única incluso. Cuando el comandante Chávez surge, fue presentado como un golpista. Todo lo que se ha venido construyendo en Venezuela en estos años creo que es una suma de experiencias de todas estas otras iniciativas latinoamericanas que acabamos de mencionar. Es la acumulación de experiencias de la revolución cubana, del triunfo sandinista y de la Unidad Popular en Chile que ahora se sintetizan en la Revolución Bolivariana. Con esto se ha logrado darle en el lomo a la política del imperialismo; vemos, por ejemplo, cómo se ha logrado desarticular el paro petrolero, o el golpe de Estado. En síntesis: con la conducción del comandante Chávez se le va venido respondiendo acertadamente a las expectativas del pueblo. Neruda dice que Bolívar renace cada cien años cuando resucita en su pueblo. Y justamente este es el momento de la resurrección de Bolívar. Con Chávez se ha venido demoliendo el antiguo sistema bipartidista, aunque de la estructura anterior todavía quedan muchas cosas. Muchas, inmensas cargas culturales que hacen que las cosas no funcionen. Como los ministerios no funcionan, se ve en la necesidad de crear las misiones. Y dentro de esto nos vamos al espacio comunicacional. Vemos, entonces, como junto a los grandes medios comerciales tradicionales, surgen las emisoras radiales comunitarias, y las televisoras comunitarias. Es todo un proceso que va a la inversa de como se había planteado tradicionalmente en el campo de la izquierda. Me atrevo a decir que aquí, en Venezuela, con la Revolución Bolivariana, el marxismo se reivindicó. Porque creo que todo lo que aquí está sucediendo es una forma de invitar a la izquierda a revisar cómo se ha aplicado el marxismo durante todos estos años. Aquí, desde el punto de vista cultural, se empezó a hacer algo muy importante: se empezaron a rescatar valores. Se empezó a rescatar un valor histórico como el pensamiento de Bolívar, que en realidad la izquierda latinoamericana no lo tenía olvidado, pero sí un poquito recogido. Ahora se ha recuperado el himno nacional como un valor. Y si bien no soy venezolano por nacimiento, escucho ese himno y no puedo menos que decir que parece el himno de Latinoamérica. Esa es la nueva cultura que debemos rescatar: rescatar nuestras tradiciones, nuestro pensamiento, releer a Bolívar, a Miranda, a Sucre. Hay que reconocer que la izquierda, en toda América Latina, no ha sido capaz de convertirse en verdadera alternativa de poder. Aquí en Venezuela quedó demostrado, porque quienes terminaron tomando la iniciativa fueron unos militares jóvenes. Pero eso es lo que ha ayudado a generar toda esta transformación cultural que ahora estamos viviendo, ese rescate de nuestros valores más auténticos. Eso quedó demostrado el 3 de diciembre. Y toda esa transformación cultural hay que verla, entonces, desde una óptica política. Como van las cosas, este proceso político no se va a caer, porque la revolución logró controlar la médula espinal de la economía venezolana, que es PDVSA. Y la revolución salió del marco de la frontera nacional; y está bien. Porque como decía Trotsky, la revolución es permanente y debe difundirse a nivel mundial.Por eso, para difundir, para llegar hasta el último rincón, ahí están los medios alternativos, que hacen su trabajo de difusión permanente, día a día, entrando en cada casa, en cada barrio. En estos años ha cambiado el comportamiento cultural de los venezolanos, y seguramente va a seguir cambiando.
ENcontrARTE: Y sin dudas la guerra mediática también va a continuar, la guerra desde los medios de la oposición, y los internacionales. A propósito, ahora no se va a renovar la licencia al canal televisivo RCTV. ¿Qué dices al respecto?
R.M.: Todos los que trabajamos en COLAREBO y quienes hacemos “América insurgente” pensamos que con esta medida se está haciendo justicia. Se está haciendo justicia porque la mayoría de la sociedad venezolana estaba esperando ese cambio. Son los sectores medios de la población, quizá, a quienes más daño ha hecho un canal como este. Ese mensaje mediático de RCTV, y también de otros medios que continúan con lo mismo, ese mensaje de continua agresión, de difamación, de distorsión, de incitación al delito, de incitación a la agresión individual y colectiva, todo eso debía terminar algún día. Con ese odio continuo que transmiten, con todo el veneno que inyectan día a día donde hacen aparecer Venezuela como un país donde no se puede vivir, quien ve eso no puede menos que sentir que estamos en guerra. Muchos pueblos de Venezuela los conocí a través de RCTV, gracias a que se van a los lugares más distantes, perdidos en la geografía del país, sólo para mostrar un cadáver. Y para hacer difamación, por supuesto. ¿Hasta dónde se había llegado? Era necesario que el gobierno tomara una decisión. La no renovación de esa concesión es absolutamente legal desde todo punto de vista. Ahora es importante ver qué se va a hacer con esa señal; creo que hay que dar una gran discusión al respecto, con amplia participación de las organizaciones sociales. Los consejos comunales tendrán mucho que decir en el tema. Hay que tener en cuenta que tras toda la creación de una nueva institucionalidad está el poder popular. Y entre una de las tareas de los consejos comunales, en su estructura, está el tema de la creación de un consejo de medios que ve esta problemática. Es decir que hay que dar una amplia discusión del tema e ir viendo qué vías son las más idóneas para aprovechar ese espacio. En otros términos: se debe orientar la comunicación hacia una comunicación socialista, hacia la participación de la gente que nunca tuvo voz en los medios.
ENcontrARTE: Como colombiano residente en Venezuela y como miembro de un colectivo latinoamericano de acción política, conocedor de estos aspectos en tanto comunicador, ¿qué comparación podrías establecer entre la Revolución Bolivariana y los otros países del área en relación al tema mediático?
R.M.: No hay punto de comparación. Para nada. La libertad de expresión que puede encontrarse en estos momentos en Venezuela es total, absoluta. Hasta excesiva, se podría decir, lo cual da lugar a lo que recién comentábamos con respecto a medios que se han salido de toda línea y hacen de la comunicación pública, además de su gran negocio, una incitación al delito, a la violencia, como es el caso de RCTV. La libertad absoluta que puede encontrarse hoy en Venezuela creo que ni siquiera en otros países fuera de Latinoamérica es posible. Aquí no hay un solo periodista preso, ni perseguido por razones políticas. Aquí se goza de una libertad de expresión irrestricta, total. En otros países del área, y de Colombia puedo hablar con algo más de conocimiento, el ejercicio del periodismo es un riesgo. Sabemos que hoy en Colombia –y no sólo ahí, sino también en los otros países latinoamericanos– el poder no permite salirse un milímetro de los parámetros que fija para la información. Es una de las profesiones más peligrosas que existen, y la cantidad de muertos que se da en Colombia por periodistas que intentan dar a conocer con algo de objetividad aspectos ocultos de la guerra y de la política, va siempre en aumento. Periodista que quiere informar de verdad es candidato a muerto. Por todo ello, la libertad comunicacional que se goza hoy en Venezuela es realmente única.

Reportaje a Ramón Martínez, periodista colombiano Narcotráfico: una historia de vidas cortas Por: Marcelo Colussi Fecha de publicación: 24/01/07 El narcotráfico es hoy uno de los grandes negocios del mundo. Las cifras que mueve son realmente increíbles, tan altas como las de la industria del petróleo o más altas que las de la informática. Pero no es sólo un redituable negocio; es también –y quizá más aún– un mecanismo de control político-social. Por eso quien lleva la voz cantante en este campo es el conglomerado de poder financiero-político-mediático-militar de la gran potencia imperial que en estos momentos se erige como centro hegemónico mundial: Estados Unidos.Argenpress entrevistó a Ramón Martínez, periodista colombiano radicado en Caracas, Venezuela, amplio conocedor del tema y coordinador de COLAREBO –Comité Latinoamericano por la Revolución Bolivariana–. Sus declaraciones sirven para echar luz sobre un tema bastante tabú, harto manipulado por los medios de comunicación, habitualmente enfocado desde estereotipos y prejuicios
Argenpress: El narcotráfico, de un modo no muy distinto al llamado “terrorismo islámico”, ha pasado a ser un demonio mediático. En Colombia esto ha alcanzado niveles increíbles; de eso nos habla justamente el proyecto de injerencia de Washington, llamado Plan Colombia, en cuyo nombre se dice perseguir este flagelo. ¿Cómo entender todo este fenómeno? ¿Qué hay de cierto, de mito y de manipulación con el tema del narcotráfico?
Ramón Martínez: Yo empezaría diciendo que es un tema tabú. Se lo puede enfocar de diferentes maneras. Por lo pronto se ha hecho toda una campaña, una filmografía incluso, sobre los capos del narcotráfico. En algunos casos a estos capos se los ha llevado a niveles de endiosamiento, de “salvadores”, como fue lo de Pablo Escobar en Colombia, en Medellín, que pasó a ser un caso emblemático. Es un tema muy complejo, que tiene muy distintas aristas: es un tema político, un tema que tiene implicancias en el orden de la seguridad nacional de los Estados, que tiene implicancias en el desarrollo de las sociedades. Es delicado desde el punto de vista político, militar, y también es muy preocupante desde el punto de vista social. Podríamos encararlo desde cualquiera de estas facetas, pero preferiría empezar con la óptica de la política de dominación del imperio.Desde este punto de vista, hay que considerarlo desde la perspectiva de una política de dominación que se da el imperialismo hacia los países a los que él considera su patio trasero. No es nada nuevo decir que Estados Unidos ha jugado ese papel de potencia hegemónica en el continente buscando tener sojuzgados a los pueblos de la zona. Y los sojuzgó a través de distintos mecanismos: económicos, políticos, militares, culturales. Entre otros de esos mecanismos podemos mencionar el ALCA, el Fondo Monetario Internacional, la doctrina de seguridad nacional, la Escuela de las Américas, el plan Cóndor aplicado a todo el cono sur. En fin: diversas maneras con que se han venido reprimiendo las ansias de libertad de los pueblos latinoamericanos. Pero además de esa forma político-económico-militar de dominación, hay una que causa aún más dolor, que es más impresionante. Y es el narcotráfico.El narcotráfico creo que hay que verlo desde la óptica de la dominación cultural que se nos ha impuesto, que ha ejercido y ejerce el imperio sobre un sector de la población de América Latina. En los distintos pueblos de la región –y me voy a enfocar sobretodo en Colombia, que es lo que más conozco, pero esto también es válido para otras regiones latinoamericanas– la misma necesidad de sobrevivencia lleva a las poblaciones a buscar cualquier forma de vida ante la falta crónica de oportunidades, de empleo. Me apuro a aclarar lo siguiente: la industria del narcotráfico no la dominan los capos colombianos ni los capos mexicanos. La industria del narcotráfico está en Washington, está en Estados Unidos. El mayor lavado de dólares lo hacen grandes bancos estadounidenses. De eso hay sobradas evidencias, y no viene al caso ahora empezar a mostrar cifras. Pero baste decir solamente que estamos ante uno de los grandes negocios del mundo, enorme, a la par del petróleo.Junto a esas fortunas fabulosas que crea el narcotráfico va el problema de la deshumanización de la gente que se liga a este fenómeno. A través de la búsqueda de esas fortunas, que en realidad es para la gran mayoría de quienes están en este campo un objeto inalcanzable, a través de esa búsqueda casi imposible vemos los grados de deshumanización y degradación más grande que uno pueda imaginarse. En cierta forma podemos decir que el narcotráfico es la historia de las vidas cortas. Todos los que se ligan a él saben que tienen vidas cortas por delante, sea la mula, el sicario, el capo. Todas las cadenas de las mafias que están en el negocio son muy cortas, siempre con los días contados. El vendedor callejero al detal termina cayendo preso rápidamente, la mula hace unos cuantos viajes y se le termina su carrera. Todos los que están implicados en el negocio terminan mal muy rápidamente; esa es la cruda realidad, y no esa imagen un tanto estereotipada de los grandes traficantes ostentosos con sus cadenas de oro y joyas, viviendo en casas con grifería de oro y yacuzzis enchapados en oro. Esa es la visión que se suele transmitir cuando se habla del narcotráfico; pero la realidad verdaderamente es otra. Es una historia sórdida de sufrimiento, de dolor, muy corta. Por ejemplo, la mujer colombiana pobre, que no tiene ningún recurso y que termina prestando su vientre para transportar 90 dediles de 10 gramos cada uno, es decir: casi un kilo de cocaína, para llevarlos a Estados Unidos por unos cuantos dólares. Esa mujer, que está siempre al borde de la muerte si se le revienta un dedil, o está al borde que la detengan y se le termina su carrera, tiene una vida corta y no hace ninguna gran fortuna. Y esa es la realidad de la gente que forma las filas del narcotráfico: gente pobre, sin salida, que se presta a cualquier cosa para mágicamente solucionar su vida. Pero que no la soluciona; que en poco tiempo, por el contrario, termina su vida, porque o la detienen, o porque muere por sus mismas condiciones de vida. Son vidas cortas, muy cortas.Por otro lado, veamos la vida del sicario, la vida del joven al que preparan para matar, y al que le prometen una gran cantidad de dinero para matar por encargo. Esa también es una vida corta. Muchas veces las mismas mafias terminan matándolos para no pagarle lo prometido. No hay futuro con esas soluciones pretendidamente mágicas. Son salidas muy cortas, que se acaban muy rápidamente, un año, dos quizá.Y con el capo pasa otro tanto: son vidas siempre muy cortas, de no más de cinco años. O terminan presos o muertos, pero siempre son historias muy cortas. En todos los niveles del narcotráfico pasa lo mismo: son historias efímeras, y es mentira que todos hacen fortuna.
Argenpress: Hay una imagen estereotipada respecto a los narcotraficantes en Latinoamérica; pero contrariamente a esta opulencia con la que suele presentárselos, entonces: ¿quién hace el verdadero negocio con todo esto? ¿Qué hay más allá del “show” mediático con que se nos muestra el fenómeno?
R.M. Es que el negocio como tal nace y lo hace el imperio. ¿Dónde se da el verdadero consumo de drogas? En los países del Norte. Recordemos años atrás todo el tema del ácido lisérgico; eso nos llegó a través de ciertos valores culturales asociados al rock. Sin con esto querer decir que estamos en contra del rock, hay que ver que allí hay en juego una transculturalización. La cultura del rock nos la impuso el Norte, y junto con ella, la droga. El tema de la cocaína ya es otra cosa. La coca como tal es una hoja medicinal que la utilizaron diversos pueblos originarios de América, como los incas, los aymaras en Bolivia. En sí mismo eso no es nocivo, para nada. El problema empieza cuando esa hoja natural se transforma en pasta básica y cocaína, y se comienza a comercializar como droga más allá del uso que tenía en esas culturas ancestrales. A través de un proceso de transformación química la hoja de coca se convierte en un producto artificial, en principio para pequeños sectores de las altas esferas económicas. Se lo persigue, y eso hace subir los costos del producto, haciéndose una mercadería de lujo. Al prohibirlo, se lo busca, y eso trae consecuentemente un gran mercado que produce grandes ganancias. Los factores de poder generaron este mercado de consumidores de droga, para obtener ganancias, ni más ni menos.El mayor productor de marihuana legal en el mundo es Estados Unidos, y en muchos estados eso el legal. ¿Por qué no es legal la marihuana que llega de Colombia? Supuestamente la persiguen, pero no así la que se produce en los Estados Unidos. Sabemos que lo prohibido siempre atrae, y gracias a ese mecanismo el producto prohibido es buscado, y como ley económica sabemos que la demanda hace subir los precios. El narcotráfico, en definitiva, es un gran plan de comercialización de un producto prohibido que deja enormes ganancias, más que nada al Norte. Las ganancias que vienen hacia el Sur son muy pocas realmente, es lo mínimo. Se realza la figura de los capos latinoamericanos como grandes magnates para ocultar las ganancias que en verdad quedan en el Norte. Por eso se han construido esos mitos aquí.
Argenpress: Se suele mostrar al narcotráfico como un demonio que se ha ido de las manos, algo que corroe los cimientos de las sociedades, que está fuera de control. Pero entonces, ¿no es esa la realidad?
R.M. Es cierto, se muestra esa imagen, pero la cuestión real no es así. El narcotráfico está todo fríamente calculado. Es un negocio que está fríamente manejado, como cualquier negocio. Pero además, retomando lo que decíamos al inicio, no hay olvidar que en todo esto hay políticas imperiales de dominación mundial. A través de la supuesta lucha contra el narcotráfico se han venido haciendo intervenciones militares en los países productores de hoja de coca y donde la misma se elabora; pero ahí hay una política igualmente calculada: es una política de dominación del gobierno de Estados Unidos, ahí hay una iniciativa de hegemonía internacional y para nada el asunto está fuera de control. Al contrario: está totalmente controlado.Vamos a meternos con un tema espinoso: el actual presidente de Colombia, Alvaro Uribe Vélez, es un de los grandes capos del narcotráfico de ese país. Cuando era director de Aeronáutica Civil facilitó a las mafias cantidad de pistas de aterrizaje para que operaran con total impunidad. Quiero decir con esto que allí no hay algo que se fue de control sino que son políticas diseñadas para dominar un país, todo muy bien planificado, calculado. Con el supuesto ánimo de combatir el narcotráfico se elaboró el Plan Colombia, se elaboró el Plan Patriota, que no son sino estrategias para combatir a una fuerza armada irregular como son las FARC. Esa es la verdadera situación, y no el combate al tráfico de drogas. El cultivo de coca, en Colombia, ha aumentado desde que se implementó el Plan Colombia. La cantidad de coca que ingresa a Estados Unidos crece diariamente. ¡Por favor! ¿De dónde sacaron que hay un combate al narcotráfico? Es simplemente agarrarnos de tontos decir que se está persiguiendo el narcotráfico, cuando pese a los tremendamente estrictos controles que tienen en sus fronteras, siguen entrando toneladas y toneladas de droga.Y también hay que destacar que a través de todo este campo de la droga se ha hecho igualmente una terrible transculturalización. A miles y miles de jóvenes colombianos se les ha hecho perder sus valores; dada la situación de pobreza crónica en que viven tantos colombianos, la ilusión de plata fácil que da el tráfico de drogas muchísimos jóvenes terminan enredándose en esas marañas de las mafias. De esa forma se ha conseguido desnaturalizar profundamente la sociedad.Cuando se habla del narcotráfico hay una tendencia a mostrar sólo la parte de los capos ostentosos que andan exhibiendo sus joyas y sus cadenas; pero se omite ahí toda la sordidez de esa desnaturalización, de pérdida de valores solidarios, de violencia y ética de pura sobrevivencia no importa a qué costo. ¿Qué hay detrás del estereotipo del capo con lujos? Sólo miseria. Riquezas enormes en el Norte, y control político. Y para nosotros, en el Sur, sólo miseria y más miseria, miseria humana, miseria moral. ¿Qué nos queda a nosotros? Gente muerta, gente enloquecida por la pérdida de sus allegados.Yo soy de Medellín; y te puedo asegurar que esa era una interesante ciudad. Pero los barrios ligados al narcotráfico son la verdadera cara de todo el fenómeno. Ahí uno puede ver realmente la pobreza, la miseria más increíble, más sórdida.
Argenpress: ¿En Colombia hay problemas serios con el consumo?
R.M. No, para nada. En Colombia la dosis personal es legal. Hay propuestas viables para terminar con esto del narcotráfico y toda la violencia que trae aparejado; y justamente, como son viables, no las han aceptado. La solución es la legalización de la droga como tal. Se estigmatiza todo el campo de la droga y del narcotráfico, pero no se presentan soluciones; y cuando se presentan soluciones viables como la legalización, no las aceptan. Al legalizar un producto que está prohibido –tal como pasó con la Ley Seca a principios del siglo pasado en Estados Unidos con la mafia de Al Capone– se cae el gran negocio que mantienen esas mafias que buscan que siga siendo ilegal. En Colombia el problema no es el consumo; lo hay, claro que sí, pero nunca con los niveles de la población de Estados Unidos. Las FARC hicieron la propuesta de legalizar la cocaína, en el año 2000. Ellos conocen muy de cerca toda esa problemática, sin decir que sean narcotraficantes. Conocen la situación porque en su área de acción, en el campo de Colombia junto a los campesinos que son históricamente productores de cultivos como el maíz, la yuca, la papa, también se da la coca. Y como este cultivo es más rentable, los campesinos finalmente terminaron haciendo la sustitución de sus plantaciones tradicionales por este nuevo, que les rinde más. Si ese cultivo se vuelve legal, se cae su cotización, y son los que hacen el gran negocio en el Norte los que no quieren eso. Por ello se mantiene ilegal, y como van las cosas, se va a seguir manteniendo ilegal. La despenalización contribuiría a que se acabe ese negocio, y por supuesto esos grandes poderes no lo van a permitir. Además, del negocio de las drogas salen grandes sumas para operaciones encubiertas, como fue el caso de la contra nicaragüense. Es decir: hay demasiados intereses creados para que todo este negocio siga. Hay que enfocarlo sin perder nunca de vista la geoestrategia en juego. El narcotráfico sirve para eso, por eso no lo quieren terminar. Lo pueden presentar como un problema de orden público, pero por debajo se juegan grandes políticas que no se van a terminar en lo inmediato.Hablábamos hace un rato del terrorismo islámico equiparándolo al narcotráfico; bueno, es cierto. Se usa de esa manera, para crear mensajes mediáticos. Antes el fantasma era “comunismo”; ahora se puede llamar “islamismo”, o “narcotráfico” o “Chávez”.
Argenpress: Es decir que el tema del consumo específico puede ser abordado en términos de salud, como problema biomédico-psicológico. Pero el tema del narcotráfico no, es del orden de la geopolítica, ¿verdad? Ahora bien: ¿esta geoestrategia es particular de Washington, o participan también en ella otros factores de poder como la Unión Europea y Japón? En realidad el negocio se maneja básicamente desde Estados Unidos, pero los grandes capitales están totalmente transnacionalizados, están por todas partes. De todos modos son capitales de Estados Unidos y es su política imperial la que se impone a nivel mundial en todo esto del narcotráfico. Eso no se ve sólo en América Latina, sucede también en otras partes del mundo. En Afganistán, por ejemplo, que es el principal productor mundial de amapola para elaborar la heroína, también está la mano del imperio manejando con esta estrategia del narcotráfico; primero, porque es buen negocio, y además, porque de esa manera está metido y manejando un recurso tan importante como es el gas, básico para su política energética. Es decir que con la excusa del combate contra el narcotráfico se meten y pueden controlar desde dentro de los países todo lo que pasa ahí y a su alrededor, tal como es el caso de Colombia, que en realidad es una base para controlar la Revolución Bolivariana en Venezuela.En síntesis: el narcotráfico sirve a los grandes capitales, pero más aún a la política que traza Washington como gran potencia unipolar en su interés por seguir preservando su lugar intocable. Sabemos que el imperio está entrando en crisis, pero no va dejar todo así rápidamente. Para seguir manejando las cosas con su política de dominación global, para eso usa el narcotráfico.
Argenpress: Sabiendo entonces que el mundo de las drogas es algo manejado por los mismos actores que deciden las deudas externas de los países, y las guerras; sabiendo que no es simplemente un problema de saludo pública ¿qué podemos hacer los ciudadanos de a pie para enfrentar todo eso?
R.M. Creo que hay que empezar por crear conciencia. Tener una cultura propia. El imperio nos controla de diferentes maneras, y también por medio de esta imposición cultural que es la droga. Nos vendieron la sociedad estadounidense como perfecta, donde se consigue todo, donde hay abundancia perpetua; pero en realidad es el peor modelo de sociedad que podamos imaginar. Para poder enfrentarnos realmente a esta estrategia del narcotráfico que nos impone el imperio tenemos que empezar por rescatar lo nuestro, nuestra cultura, nuestra idiosincrasia. No es sólo un problema de salud pública; así no lo vamos a poder enfrentar. Hay que verlo como problema geopolítico, como arma para dominarnos que nos pone el imperio, con muchas facetas, sin dudas. La legalización es la clave fundamental para cambiar todo esto; si lo sacamos de su lugar de prohibido, va a bajar mucho el consumo, y se va a terminar toda la delincuencia y la violencia que acompaña al fenómeno. El narcotráfico se presenta como una posibilidad rápida de resolver los problemas económicos; pero eso es absurdo. Ese es un mundo dentro del mundo, es una fantasía, y su realidad descarnada es la violencia, la muerte, la pérdida de humanización. Se presenta el mundo sólo desde la óptica de los dólares y la vida fácil. ¡Y ese no es el mundo real! Los problemas de la vida no se pueden arreglar con la entrada a ese mundillo fantasioso de los dólares fáciles; eso no es solución. Se necesitan políticas concretas que ayuden a dignificar a la gente, en salud, en educación, en vivienda. Si no, no hay salidas. La salida a través del narcotráfico lejos, muy lejos está de solucionar algo.La cultura que nos han vendido, de consumismo atroz, donde viene incluido también el consumo de drogas, eso no lleva a ningún lado. Por eso repito una y mil veces: estamos en el medio de una política de dominación que han creado para mantenernos maniatados. Cuando hablan de control del narcotráfico, eso hace reír. Cuando antes existía la DEA aquí en Venezuela se decomisaba muchísimo menos droga que ahora que ya no está. Está la DEA y te fotografía todo; ¿para qué? Para tener todo controlado, así de simple.En Cuba hay algo emblemático: el caso del general Ochoa, héroe de la guerra de Angola. Cuando se descubrió que participaba en una red de narcotráfico, lo fusilaron. Eso fue realmente una respuesta fuerte del Estado a un problema de narcotráfico, pero con un alto contenido político e ideológico. Lo que hace la DEA no tiene nada que ver con el control. Es una pura estrategia de inteligencia, de control, de injerencia.Ahora en Venezuela vemos que se da una real política de control en la materia. Sabemos que Venezuela se enfrenta al imperio, tiene una política de claro enfrentamiento con Estados Unidos, en todos los campos: económico, político, cultural. Ahora aquí sí se decomisa droga, porque hay un interés real, hay una política de Estado para enfrentar el tema. Pero antes, cuando estaba y operaba aquí la oficina de Washington para los narcóticos que es la DEA, era una persecución sólo simbólica. Por eso digo que hay que recuperar la soberanía; es la única manera de enfrentarse con la estrategia del imperio. Una cosa es el consumo tradicional de las diferentes culturas, los hongos alucinógenos, etc., que siempre han existido. Otra cosa es esta política que nos fuerza a consumir, para tenernos controlados luego.Para terminar, entonces: hay que entender el narcotráfico como un gran negocio y como una política de dominación, por lo que insisto entonces: la única manera de terminar esto es legalizando el asunto.mmcolussi@gmail.com